¿Habrás escuchado lo que es un despido nulo? Pues, respecto al tema, en España siempre decimos lo mismo: el despido es libre, pero no gratuito. Es decir, tu jefe puede despedirte por cualquier cosa, incluso inventarse una causa, siempre que esté dispuesto a pagar por ello. Pero hay un límite. Uno solo y, ese límite se llama derechos fundamentales.
Ahí, ni pagando. Porque si te despiden vulnerando uno de tus derechos fundamentales, el despido no es ni procedente, ni improcedente. Es directamente nulo. Inexistente o borrado. Como si no hubiera pasado nunca. Y cuando el despido es nulo, la empresa no puede compensarlo con dinero. Tiene que deshacer el daño, y eso significa hacerte volver como si nada hubiera ocurrido, pagarte todo lo que dejaste de percibir, y asumir que ha pisado una línea que la ley no le permite cruzar.
¿Qué son los derechos fundamentales?
Están en la Constitución Española, y son la base de todo el ordenamiento jurídico. No son simples normas laborales. Son la estructura mínima que garantiza tu dignidad, tu libertad y tu igualdad frente al poder, incluido el empresarial. Por eso, cuando uno de estos derechos es vulnerado, no basta con pagar una indemnización y mirar hacia otro lado. La ley actúa de otra forma: con contundencia. Algunos de estos derechos son:
- El derecho a la igualdad y a no ser discriminado: por razón de sexo, edad, orientación sexual, religión, discapacidad, etc.
- El derecho a la intimidad personal y familiar: que incluye la protección frente a intromisiones sobre tu salud, tu vida privada o tu entorno personal.
- El derecho a la libertad ideológica y de expresión: que impide que te sancionen o despidan por pensar diferente o manifestarlo de forma pacífica.
Cuando el despido está motivado, directa o indirectamente, por una vulneración de estos derechos, no hay matices: el despido es nulo.
Ejemplos que deberían hacerte saltar las alarmas
Una trabajadora comunica que está embarazada y una semana después la despiden con una carta de «reestructuración interna». Le aseguran que no tiene nada que ver, que es una coincidencia. Pero ya había oído comentarios sobre los costes de la maternidad en su equipo.
Un delegado sindical que lleva meses negociando con firmeza por mejoras laborales, y de repente lo despiden por «pérdida de confianza». Justo a él y justo también después de negarse a firmar un acuerdo que perjudicaba al resto.
Un trabajador que pide teletrabajar tres días por semana porque su hijo tiene una discapacidad reconocida, y tres semanas después lo despiden por «bajo rendimiento». Sin advertencias, sin reuniones previas, sin posibilidad de mejora.
Estos casos no son ciencia ficción. Son el pan de cada día en muchas empresas. Y todos tienen un patrón claro: se castiga a quien ejerce un derecho. Y eso es exactamente lo que convierte un despido en nulo, que les da el derecho de demandar a la empresa por vulnerar sus derechos fundamentales con un buen abogado especialista en indemnizaciones por despido.
¿Qué pasa si el juez lo declara nulo?
Pudiera considerarse una sentencia favorable. Lo que ocurre es tan contundente como poco conocido: el despido se borra. No ha existido. No hay matices, no hay medias tintas. El juez ordena que:
- Vuelvas a tu puesto de trabajo en las mismas condiciones que tenías.
- Te paguen todo tu salario desde el día del despido hasta que se dicta sentencia.
- La empresa vuelva a cotizar por ti a la Seguridad Social como si hubieras estado trabajando cada día.

Es una vuelta total al punto de partida. El sistema lanza un mensaje claro: aquí no se compran derechos. Si los vulneras, te toca rectificar con todas las consecuencias.
¿Qué implica eso para ti?
Significa, en primer lugar, recuperar tu puesto. Pero también significa cobrar lo que perdiste durante todo ese tiempo, y que la empresa tenga que asumir un coste mucho mayor que cualquier indemnización. Si el juicio tarda dos años, como ocurre con frecuencia, estarás acumulando 24 meses de salario, cotización, antigüedad, pluses y derechos. Todo eso vuelve contigo.
Y, además, la empresa queda tocada. Porque si te admiten, pero te vuelven a despedir, tendrá que hacerlo bajo condiciones impecables; con pruebas sólidas y/o causas legítimas. Ya no podrá improvisar. Ya no podrá mentir.
¿Por qué es tan potente el despido nulo?
Porque no hay salida barata para la empresa. No pueden negociar una cifra y cerrar el tema. Tienen que asumir una derrota total: financiera, jurídica y moral. Porque el despido nulo no es una indemnización, es una corrección.
Además, el efecto económico es demoledor. Mientras que un despido improcedente puede costar 3.000 o 5.000 euros, uno nulo tras un juicio largo puede suponer 30.000 o 50.000 euros en salarios caídos, más cotizaciones, más costas, más la obligación de readmitirte.
Y para ti, es una oportunidad para volver reforzado, con el respaldo de la ley y con la seguridad de que la empresa no podrá volver a usar tus derechos en tu contra.
Cuidado con las causas del despido nulo
Hay que distinguir bien las causas. Estar de baja, por ejemplo, no te protege de forma automática. Si el despido se produce mientras estás de baja, pero existe una causa probada y ajena a la enfermedad, puede ser legal. Ahora bien, si el único motivo es la baja, entonces hablamos de nulidad (despido nulo por falta de causa).
Tampoco basta con ser mujer o tener una discapacidad. Hay que demostrar que ese hecho fue determinante en la decisión de despedirte. O al menos que exista una sospecha razonable de que lo fue. Ahí es donde entra la estrategia jurídica: saber cómo plantearlo, cómo generar indicios y cómo dejar claro que no fue casualidad.
¿Qué hacer si crees que tu despido fue nulo?
Un despido nulo no es solo un despido mal hecho. Es una violación directa de tu dignidad como persona. Y el derecho, cuando responde bien, no repara: revierte. Entonces:
- No firmes nada. Si quieren hacer algo legal, no necesitan tu firma. Si te la piden, es porque quieren tu consentimiento. Y eso siempre va en tu contra.
- Pide copia de la carta y contacta con un abogado especializado en laboral. No vale cualquier consejo. Necesitas a alguien que sepa oler estas situaciones a distancia.
- Actúa rápido. Aunque los derechos fundamentales se pueden proteger incluso fuera del plazo de 20 días, cuanto antes se empiece, más sólida será la demanda.
En MAXIMIZAMOS no peleamos para que te den una indemnización a cambio de que guardes silencio. Peleamos para que tu jefe entienda que hay límites y que cometer este tipo de actos “administrativos”, tiene sus consecuencias. Simplemente hay cosas que no se tocan y cuando eso ocurre, el mensaje es claro: Por aquí, jefe, no se pasa.

