En el mundo laboral hay una verdad sagrada que los empresarios prefieren que no sepas: hay derechos que no puedes perder, aunque quieras, aunque firmes, aunque te lo pidan por favor y con bolígrafo en mano. Hablamos del derecho irrenunciable del trabajador. Los derechos irrenunciables están protegidos por la ley y, por mucho que firmes lo contrario, siguen siendo tuyos. Y si la empresa intenta hacerte renunciar a ellos, está actuando fuera de la ley, incluso si tú accedes.
Estos derechos están recogidos en el artículo 3.5 del Estatuto de los Trabajadores y en múltiples sentencias del Tribunal Supremo. En resumen: ni, aunque lo pactes, ni aunque lo firmes, puedes renunciar a lo que ya has ganado por ley.
Existe la irrenunciabilidad de derechos
Imagina que tu convenio establece que te deben pagar 30 días de vacaciones al año. Pero tu jefe, te dice que firmes un documento para renunciar a las vacaciones de este año porque hay mucho trabajo. Y tú, por no liarla, firmas. Pues bien: ese documento no vale absolutamente nada. Legalmente, es papel mojado. Porque estás renunciando a un derecho mínimo, esencial, protegido por ley, la irrenunciabilidad de derechos laborales. Y eso no se puede hacer.
Imagina que, por la presión del jefe o por desconocimiento, firmas un documento donde renuncias a tus vacaciones del año. Literalmente, accedes por escrito a no tomar ni un solo día de descanso porque «hay mucho trabajo». Pues bien, aunque lo hayas firmado, si ese caso llega a un juzgado, el juez te reconocerá igualmente el derecho a disfrutar de tus vacaciones. Porque la ley dice que son obligatorias. No las pierdes por firmar algo contrario. Lo que hayas firmado no tiene ninguna validez legal, y se te deben esas vacaciones sí o sí.
El caso de los salarios: el mínimo es intocable
Más cruel todavía es cuando hablamos de salario. Si el convenio o el Estatuto fija un mínimo salarial, no puedes pactar cobrar menos. Ni, aunque firmes un contrato que lo diga. Si lo haces, el pacto es nulo. Y si trabajas por debajo de lo que marca la ley, puedes reclamar la diferencia incluso, meses después. De hecho, muchos trabajadores han recuperado miles de euros de atrasos simplemente porque firmaron contratos ilegales y luego se atrevieron a reclamar.
Ejemplo real: un trabajador tenía un contrato de jornada completa, pero cobraba como si fuera media jornada. Firmó nóminas, firmó contratos, firmó finiquito. Todo. Pero el horario que hacía era de 40 horas semanales. Reclamó y ganó. Porque el derecho al salario por jornada completa es irrenunciable. No importa que lo firmaras. Lo que importa es que trabajaste más. Y eso hay que pagarlo.

Finiquitos con trampa: cuando el derecho irrenunciable cambia de nombre
Ojo con esto: durante la relación laboral, los derechos irrenunciables son intocables. No puedes pactar trabajar 60 horas a la semana. No puedes renunciar a tus vacaciones ni a tu salario mínimo. Pero cuando la relación laboral termina, todo cambia.
En el momento del despido o de la finalización de contrato, algunos derechos dejan de ser irrenunciables para convertirse en derechos negociables. ¿Qué significa esto? Que, si decides no reclamar una indemnización, nadie la reclamará por ti. Que, si firmas un finiquito en el que no están incluidas las vacaciones pendientes, nadie vendrá a devolvértelas. Ya no estamos hablando de condiciones mínimas de un contrato en vigor, sino de cómo cierras el capítulo. Y eso sí puede pactarse, incluso a la baja.
Por eso, en los finiquitos, todo lo que no esté incluido, pero debería estarlo —vacaciones, pagas extra, días trabajados, indemnización— no es automáticamente irrenunciable en ese momento. Puedes aceptarlo. O puedes pelearlo. Pero una vez firmado sin reservas, el margen para reclamar se reduce muchísimo. Así que aquí no vale el argumento de que todo se puede reclamar igual. Aquí lo que no se negocia en ese instante se pierde. Y firmar sin saberlo es regalarle dinero a tu jefe.
¿Y si te presionaron para firmar?
Aquí hay que ser claros: la coacción tiene que probarse. No basta con decir «me sentí presionado». Tienes que demostrar que hubo una situación de intimidación real. Aun así, si lo que firmaste afecta a un derecho irrenunciable, esa presión no es necesaria: el contenido es nulo, aunque todo pareciera amistoso. No es el cómo lo firmaste, sino qué firmaste.
Por ejemplo, firmar que no quieres disfrutar del permiso de maternidad. O que renuncias a los 15 minutos de lactancia. O que no vas a pedir reducción de jornada, aunque tengas hijos menores de 12 años. Todo eso es nulo de pleno derecho. Porque son derechos irrenunciables que protegen no solo al trabajador, sino a valores constitucionales como la conciliación o la protección del menor.
¿Qué pasa si lo dejas pasar?
Muchos trabajadores ven el atropello y no hacen nada. Les han hecho firmar algo abusivo, han tragado con una cláusula ilegal, o han aceptado un finiquito incompleto. Y creen que, por dejarlo correr, todo se olvida. Pero no. Los plazos para reclamar existen, y aunque varían según el caso (generalmente un año para reclamar cantidades o derechos no satisfechos), lo cierto es que, si no actúas a tiempo, perderás cualquier opción de rectificar el error.
El problema no es solo el tiempo. Es que mientras te mantengas en silencio, la empresa lo utiliza como prueba de que «todo está bien». Y cuando quieras reaccionar, puede ser tarde. Así que si sospechas que has firmado algo injusto o te han hecho renunciar a lo que no se puede renunciar, actúa cuanto antes con un abogado especialista en derecho laboral. Porque si lo dejas pasar, lo dejarás en manos de quien más interés tiene en que te olvides.
En resumen: si es irrenunciable, es tuyo para siempre
Las vacaciones, el salario mínimo, las horas trabajadas, los permisos retribuidos, los descansos, la seguridad, la igualdad… son parte del pack de derechos laborales que nadie puede quitarte, ni siquiera con tu permiso. Si te hacen firmar algo que suene a renuncia, a regalo, a sacrificio o a trampa, recuerda esto: si tu firma es necesaria, es porque sin ti no podrían hacerlo. Y si lo que firmas va contra la ley, entonces tu firma no vale.
En MAXIMIZAMOS lo vemos cada semana: trabajadores que firmaron pensando que era lo correcto, y que luego descubren que les han birlado vacaciones, sueldos, horarios y hasta la dignidad. Pero, aun así, luchamos. Porque los derechos irrenunciables son como tu dignidad: nadie te la puede quitar, aunque tú te lo creas.

